La carne de la nube que seduce al crepúsculo brilla como si reflejara lo mejor del aroma a tristeza de mi pensamiento. El relámpago que moja su vientre de madre primeriza tiene plumas de pavo real en cortejo, y envidia al arcoíris que desfloró su primera nube el cual tiene, inevitablemente, el húmedo sabor de todos mis fracasos. La Poesía se hace lluvia, y riega de ángeles que todavía no saben que lo son la tierra donde se gestan y cometerán todas las infamias que el deseo predispone a los amantes a disfrutar. Y la noche se vuelve sol, para mejor regocijarse de esas delicias…
Victor Diaz Goris
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