lunes, 7 de enero de 2019

EL ÚNICO HOMBRE


El único hombre que conoció allí y que le hizo sentirse viva fue José O Riely. Este era Español a pesar de su apellido irlandés; joven y esbelto, con cara color tabaco y ojos color de alga marina, se había casado no se sabe cómo, con una mexicana corpulenta que cada nueve meses traía a una nueva criatura al mundo, a sus mundos, sumidos en pobreza e ignorancia.
Eveline trabó conversación con José un día en que éste pintaba la puerta del garaje y le pidió que posara para ella. José no dejó de mirarla con asombro. Ella dijo: Ya ve, pinto mártires, pero no mártires cristianos. Pinto mártires de la clase obrera bajo la explotación. Su mujer no entiende que el pobre será más pobre, si no se desamarra de las infames tradiciones, si no busca ser libre, una mujer no puede seguir siendo la escoba que limpia la casa. Ella está perdida en ese mundo creado por imperiosas cualidades machistas, usted, no, en el brillo de sus ojos claros adivino el ansia, sus dibujos son buenos ¡y la revolución de los colores!, es la explosión de su alma. Si se deja guiar, conocerá el mundo que no sabe que existe. O Riely estaba agradecido y se rehusó a recibir la cantidad que ella le ofrecía por posar, aunque a veces le pedía pequeñas sumas como préstamos y ya habían acordado: El padre de Eveline, a su vuelta a Nueva York, lo recibiría también a él, proporcionándole un trabajo en alguna de sus factorías, ella le conseguiría una matrícula en la escuela de pintores y lo guiaría, José, jamás había estudiado, su arte le salía del alma.

JOHN DOS PASOS 
Compartido por OMÍLCAR CRUZ RESTREPO.

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