La sombra del dolor, bola de preso
que arrastró un corazón por el pasillo,
rodó en la oscuridad y, bajo el hueso,
la muerte ya levanta su castillo:
¿qué importa si, detrás de este visillo,
descubro que mi vida ha sido un beso
o un sueño, una mentira, un embeleso?;
si, al vivir bajo el filo de un cuchillo,
ninguna como tú - ¡oh no ninguna!-
ha saciado mi hambre en esta charca
donde mi alma pasará tanta hambruna.
Pensó "El Hombre del Hades", en su barca,
al oír una rana y ver la luna
dibujada en los ojos de la Parca.
Antonio Ramos -ESPAÑA-
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