viernes, 21 de diciembre de 2018
ESA DIFÍCIL ALTERNATIVA.
En las sombras de la noche están, pues en la oscuridad pululan los fantasmas de nuestra mente que nos lleva a lo irreal.
Donde bulle las reminiscencias del niño que llevamos en nuestro interior.
Ya no hay fantasma ni demonios que nos quite el sueño, pero están ahí, no transita en la oscuridad, sino a la luz del día.
Ya no tienen rabo ni cuernos, son seductores y se gana la confianza del incauto que escucha sus falsas promesas.
Han evolucionado al compa de los tiempos, para lograr lo que es su única finalidad: confundir y manipular a la humanidad.
Los tiempos de oscuridad y cólera quedaron en el olvido,
la ignorancia ha sido superada… o eso pensamos.
La peste que se ensañó con la población en la Europa medieval
la consideraron como el preludio del apocalipsis.
¡La verdad te hará libre! pregonan los creyentes.
Con la cultura se logrará un mundo más justo,
aseguran los pragmáticos.
Sabios son ambos pensamientos, pero en el mundo siguen
las guerras, la torturas, la corrupción y la injusticia.
Poco hemos aprendido… o quizás sí, sabemos dónde está la maldad que en su conjunto es escasa, si se equipara con la bondad.
¿Entonces por qué tiene tanto poder, hasta el punto de manejar los destinos de tantos seres humanos?
Quién destruye los bosques, quien arrebata la vida de las aguas, quien contamina el aire que respiramos, a quien hay que culpar de tantas personas en el mundo pasen hambre, y que millones de niños mueran al año por esta misma causa.
De quién es responsabilidad de que se distribuya la droga con
tan vergonzante facilidad.
Nos hemos librado de esa maldita plaga que fue la peste, así mismo de la intolerancia de la iglesia en su etapa más negra como fue la inquisición.
Los éxodos de miles de personas huyendo de la miseria de sus países, es hoy un hecho demasiado frecuente, no exento de riesgo, ya que muchos pierden la vida en la dura travesía.
Actualmente millones de personas no están mucho mejor que sus antepasados. La diferencia es que sus contemporáneos presume de poseer móvil y televisión.
La cual cosa hace más sangrante su desgraciada situación, pues dispone de una vasta información, de la que obviamente
sus antecesores al carecer de ella, soportaban su situación con una beatífica resignación.
Ahora como antes, los demonios tienen nombre y apellidos.
Hace mucho tiempo, antes de la primera gran guerra, la extracción de un líquido negro, originó un impacto tan colosal, que haría cambiar a aquella sociedad, hasta entonces plácida y tradicional, por una más dinámica y sobre todo ambiciosa.
Este nuevo producto entró como un ciclón en la vida de todos los habitantes de la tierra, cambiando al mundo del revés.
La humanidad experimentó un avance tan colosal como nunca tuvo, desarrollándose en todas las materias, creándose toda clase de medios, y destacando la mejora de la sanidad así como un gran avance en tecnología, las cuales producían una notable mejora en la calidad de vida de la gente. El plan era la plena colaboración de todos los ciudadanos para que el verdadero objetivo triunfara, que no era otro que abocar al mundo al desastre.
La lucha de las grandes potencias por estar presente en los lugares donde había este preciado líquido, originaba que se desencadenara numerosas guerras locales. El desarrollo de la industria provocó que grandes masa de obreros emigraran a las ciudades donde se ubicaban éstas. Así que gran cantidad de pequeñas poblaciones desaparecieron o quedaron muy mermadas de habitantes, fraccionando familias y costumbres. Todo el mundo ambiciona más de lo que tenía, el vehículo propio pasó a ser imprescindible.
La contaminación debido al uso exagerado de este producto fósil, lleva al planeta a padecer una contaminación muy preocupante, hasta el punto de producir un calentamiento global que pone en peligro a numerosas especies y al propio ser humano.
El llamado oro negro, al contrario del maná que llegaba del cielo, surgió de las profundidades de la tierra.
Pasado un tiempo se supo que este producto podía ser nocivo para el medio ambiente, pero los enormes beneficios que este producía a gobiernos y a los grandes capitales, frenaba que fuera sustituido por una variedad más limpia.
Cuando definitivamente esté agotado su cometido, ya está en marcha un nuevo plan, que si no lo remediamos, nos seguirá teniendo prisioneros de nuestros propios pecados.
Antonio Parrado -Barcelona-
No hay comentarios:
Publicar un comentario