lunes, 26 de noviembre de 2018

YO SIEMPRE CALÉ LA SANDÍA


Por un sinuoso camino me aproximo a la historia
que desde la honda sandía me interroga
frescamente: son dos chinitos, dos granos de arroz
que como alegre caldo rojo distorsionan mi memoria.

Y me hundo profundo en el corazón de la sandía,
he intento sacar mis propias conclusiones;
sentados plácidamente en lo que debería ser
el corazón de esta sandía se encuentran
dos pilluelos, con dos gorritos muy chulos que parecen ser gemelos.

¡Todos en sendos sandiales el verano los arrasa!
menos a estos dos que se comieron la sandía
y se convirtieron en su corazón...
bajo el cielo de paja que lleva el chozo del guarda...

En aquella sandía la humedad se madura y se evapora,
ahora siento la tierra húmedamente bella y sola;
ese calor que ha abierto la sandía en frescura,
y el buen provecho que han hecho de ella estas dos criaturas.

Allá por donde caminó la memoria, me trae
gratos recuerdos, el trajinar de su historia;
y entonces desconozco su fresco trajinar
y  oigo  que el ramaje cuchichea a deshoras.

Yo siempre le hice un calado a la sandía
para probar su corazón y ver su húmeda sangre;
pero lo que está tan a la vista,
no necesita guía, pues está está fresca y bien madura...

RAFAEL CHACÓN MARTEL

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