Madre, hoy al traspasar el umbral
de mis mejores días, tú estabas allí, Me invitaste a pasar en este idioma nuevo que he tenido que aspirar desde un perfume convertido en secreto.
Hasta una traducción especial.
Madre, tú estabas ahí, toda de ese azul de océanos y mares profundos.
Tu tez mulata, tus cabellos semisueltos aprisionados con una hebilla...
Dócil, gentil, conversadora, dándole seguridad a mi espíritu que tembloroso, te vio venir, y como cientos de veces confío en ti, porque tu me abrías las puertas para ser alguien diferente en el país de la libertad.
Bendiciones madre,
Mil bendiciones yo siempre seré devota a ti.
Maritza Nuez -Estados Unidos-
No hay comentarios:
Publicar un comentario