domingo, 7 de octubre de 2018

NUNCA DESEES LO IMPOSIBLE... SE TE PUEDE CONCEDER


Como cada mañana nuestro protagonista se encuentra haciendo su paseo matutino. Cosa que recomienda a las persona que como él ya han llegado a una cierta edad. Pues es algo que mantiene el cuerpo ágil y retrasa los problema lógicos de la vejez como puedes ser la artrosis, amén de favorecer la circulación sanguínea, cosa muy importante ya que como sabemos, un ejercicio moderado incide de manera positiva en nuestra salud, y si además se practica de forma continuada mantiene los niveles de colesterol en condiciones óptimas.
A su pensamiento llega cuando por estos mismos caminos lo recorría a toda marcha, con una larga y poderosa zancada. Lo de andar no entraba en su lógica,
creía que esto era para personas con pocas actitudes físicas, y en su caso no era así, y pensaba que nunca lo sería, pero la vida y el tiempo que avanza inexorablemente para todos pone las cosas en su sitio, y he aquí que ahora se ve caminando por donde (dios que breve es la vida) en tiempos no lejanos corría lleno de energía.

Pues bien iba el hombre por ese camino el cual transcurre entre verdes montañas, flanqueado éste por unos majestuosos pinos, cuando ve que viene hacia él... podíamos decir una persona, si pero bastante inusual.
Lo primero que le llamó poderosamente su atención fue una especie de fulgor que fluía alrededor de su cuerpo.
Su ropa se componía de una sola prenda, y era de un luminoso color dorado, la cual llevaba muy ajustada al cuerpo. Su pelo largo era rubio como el sol; cuando llegó hasta él habló y su voz sonó fuerte y determinante.

No te tortures porque ya no puedas correr por estas montañas como lo hacías antes, yo por el poder que me ha sido dado te doy el regalo de que puedas hacerlo como lo hacías en tus años de juventud, y para que esto sea posible - continuó, ante su desconcierto - tu edad biológica se retrasará en cuarenta años, de forma que como tu final en esta vida estaba escrito que sería a los ochenta años, llegado ese momento yo te regalaré esos cuarenta años, por lo que tu existencia en la tierra se prolongará hasta ciento veinte años.
Así que en virtud de ese regalo que el cielo te concede aún te queda muchos años de juventud.
Pero una cosa has de saber, para que esto se haga realidad debes de cumplir dos sencillas condiciones: la primera, que seas perseverante en las metas que te impongas, y la segunda, que tengas plena convicción en esta nueva realidad que se te ha sido dada.

El extraño personaje después de haber pronunciado esas últimas palabras se fue como vino, de repente.
El Hombre se quedó allí pensando si todo lo sucedido había ocurrido realmente.
En su cabeza se agolpaba infinidad de interrogantes, lo primero que se preguntó, quien rayos era realmente ese ser, ya que que no se había identificado.
Por su aspecto parecía un ser celestial, pero hay que tener cuidado con esto, pues el diablo es muy astuto y con la intención de engañar al pobre humano suele presentarse con la mejor imagen.
Así que si ese es el caso - se preguntaba - seguro que pagaré con creces este favor que ahora me hace, tiemblo solo de pensar que me viera obligado a ser su servidor para toda la eternidad.
Pero la verdad es que tenía que reconocer que no le había pedido nada extraño, pues esas dos condiciones que le ha impuesto no comporta nada extraordinario ni le comprometía a nada, pues solo eran unos asumibles consejos.
Así que como dice el dicho no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, y acto seguido decidió que la vuelta a casa la haría trotando.
Media hora después de sofocante trote el buen hombre llegó a su casa. Estaba exhausto pero feliz, ya que había conseguido correr cuatro kilómetros.
Ese ser tenía razón pues después de este milagro de poder volver a correr, solo necesitaba un periodo de adaptación para retornar a ser el que era, y ahí tenemos la primera de sus recomendaciones "ser perseverante".

Y si, nuestro buen hombre lo fue, lo fue más allá de lo que se podría considerar razonable.
Pues llevaba más de un año de duro entrenamiento y su cuerpo al contrario de fortalecerse, estaba cada vez más débil dando muestra claras de que aquello a lo que se le estaba sometiendo era auténtico martirio.
Iba por aquellos caminos, y sobre todo por aquellas terroríficas rampas como alma en pena, repitiéndose una y otra vez, "Perseverar hay que perseverar"
Pero todo tiene un límite y él ya hacía tiempo que lo había sobrepasado, de manera que cuando se levantaba por las mañanas le dolía todo el cuerpo y apenas podía dar dos pasos seguido, pero no era esto lo más arduo raro era el día que no daba con sus huesos en tierra, ya que no tenía la fuerza y los reflejos suficientes para correr por aquellos caminos tan accidentados de las montañas, cuando no los tirones y los calambres le obligaba a regresar a casa de manera lastimosa
Así que el esforzado hombre a pesar de poner toda su voluntad llegó un día en que ante el grave percance que le sucedió se vio obligado a decir basta.
Fue una mañana plomiza y fría de otoño, curiosamente aquel día su cuerpo respondía mejor que de costumbre al duro entrenamiento, pero la mala suerte o quizás su estado de forma como tantas veces ocurría, sucedió que uno de sus pies fuese a tropezar con una raíz de un árbol disimulada en el suelo, y a consecuencia de ello su cuerpo voló por los aires produciéndose un violento aterrizaje en la dura tierra la cual estaba llena de guijarros.
Se levantó algo aturdido a la vez que comprobaba las consecuencia del accidente, que en principio amén de una importa rozadura en el codo de su brazo izquierdo la cosa después de todo no había sido tan grave, pero al sacudirse la hojarasca que tenía enganchadas en los pantalones cortos, reparó en el enorme desgarro que tenía en la tibia de la pierna derecha, la cual dejaba al descubierto el hueso de la misma, de manera que un trozo de carne pendía mansamente formando un canalillo por donde se deslizaba la sangre.
Lleno de espanto logró frenar la hemorragia utilizando su misma camiseta, el camino fue duro ya que tenía que evitar por todos los medios perder más sangre, de manera que a duras penas logró llegar a su casa.
Así que nada más llegar a la vivienda cogió el coche y rápidamente puso camino hacia el hospital, en el que luego de desinfectar la herida le dieron siete puntos de sutura.

En definitiva que vistas las consecuencias nuestro buen hombre se convenció que lo más lo más razonable era dar por concluido este loco empeño.
En cuanto a la aparición de ese ser llegó a la conclusión de de que posiblemente fue una alucinación, motivada por ese deseo suyo de no reconocer que los años no pasan en balde, y desde luego ahora estaba convencido de que esta circunstancia no la iba a remediar la poca o mucha perseverancia que el pudiera ponerle.

En ese mismo momento en el cielo, enterados de la firme decisión tomada por el hombre de renunciar a los bienes que se la habían concedido, se estaba produciendo una acalorada discusión.
compañero Samuel te he dicho una y cien veces que no pierdas el tiempo con los humanos pues son incapaces de superar la prueba.
Pero no me negarás compañero y estimado jefe Isaías que si no llega a ser por esa desafortunada caída lo conseguimos, pues ya la tenía la prueba casi superada, de hecho en el mismo momentos antes del accidente pudo notar como las energías le estaban llegando.
Si he de admitir que eso es cierto, y tengo que reconocer que por primera vez has estado a punto de conseguir, que por fin se obre el milagro en un ser humano.

Antonio Parrado -Barcelona-

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