Emergió ante sus ojos, como flor delicada,
y sus formas y aromas al momento colmaron,
su frágil pensamiento, su voz entrecortada,
se extasió al ver creciendo, bella planta a su lado.
La cuido con esmero, su crecer con los días
de ilusiones y planes, su pobre alma llenaron,
y esa flor tan fragante, de pétalos rosados,
Conquistaba a su paso, cuantos a ella miraron.
Fue un otoño, una tarde, que del sol al ocaso,
la buscó entre sus flores, procuró con sus manos
recorrió los jardines y esa flor delicada,
Ya no estaba entre todas, fue de un tajo cortada.
Solo halló entre las ramas el tallo donde estaba,
alegrándolo todo, adornando la estancia,
pero ya no hay aromas, ni olores, ni fragancias,
solo queda el recuerdo de esa flor perfumada.
Y aquel que con sus manos, tanto amor prodigara,
a esa flor tan hermosa de belleza tan rara,
hoy recuerda en silencio aquel día, aquella tarde,
do advirtió con sorpresa, que su flor, ya no estaba.
Hoy nostálgicamente, se lamenta, aunque tarde,
por haber dedicado, tanto tiempo y pasión,
a esa efímera rosa, que en el tiempo dejara
solamente un recuerdo...y un profundo dolor.
JOSÉ RUEDA ARDILA.
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