jueves, 23 de agosto de 2018
REENCUENTRO
Después de meses, de años, de siglos sin vernos, nos encontramos nuevamente en una calle sin nombre, en una hora no precisada, cuando ya el azar hacía su última jugada.
Nos miramos y las agujas del reloj se desgranaron, todo el ayer se reflejó en sus ojos
y esa vieja herida penosamente cicatrizada volvió profusamente a sangrar. No hicieron falta las palabras, un nudo en la garganta impidió el grito del corazón. Demasiado tarde
para cambiar de rumbo, para fingir ceguera o para escapar entre el gentío que indiferente pasaba a nuestro alrededor. Con los pies atados a las baldosas del pasado, miles de imágenes pasaron por mi mente, otra vez, el roce de sus labios estremeciendo cada rincón de mi ser, los “te quiero para siempre” resonando en mis oídos y una lágrima perdida repitiendo aquel nombre que creí olvidado. Frente a frente, con el orgullo derrotado, sin atinar a cerrar el libro de amarillas hojas, nos fundimos en un abrazo sin fin.
CARLOS JULIO ALTAMIRANO
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