viernes, 24 de agosto de 2018
QUIERO VERTE UNA VEZ MÁS...
¿Por dónde empezar el relato de nuestro idilio? Cuando pretendo alcanzar el destino soñado... el que anhelaba contigo...
Hoy mi rostro se desfigura al evocarte. Mis manos tibias buscan en vano abrazar tus contornos, te dibujan, te añoran...
Cuando yo miraba tus ojos... enmudecía. Esos faroles intensos me hacían volar hasta alturas insospechadas. Me hacías sentir un Sol y una Luna dentro mío...
En tus hombros se dejaban caer unas trenzas que te hacían aún más bella, más cautivante. Tu mirada no podré quitar de mi mente, ya que ha dejado una huella honda y sacramental...
Tus besos se han mecido en mis labios... marcando surcos de miel y de sal. En tu piel quisiera tallar el más sentido poema...
Como en una profecía, te esperaba con el fuego de una pasión que crecía en tu exquisita y adictiva desnudez... Esclavo de tus risas, de tus poses audaces, de tu irresistible frescura...
Mi corazón hoy galopa en la nostalgia al recordarte. Mi alma suspira silenciosa, ciega...Te ama exhalando orgasmos gélidos en tu espalda que crepita de pasión...
Cierro los ojos... y me envuelven tus aromas. El roce de tu piel canela levanta llamas en mi carnadura, y no hay agua que alcance para apaciguar nuestra hoguera...
Un romance secreto que incineró la seda. Una revolución que estalló incontenible en nuestros adentros... rompiendo las cadenas de tantos deseos contenidos...
La libertad, ilusoria y encendida... se cobijó en abrazos, caricias y besos que ni las corrientes de un río podrán borrar de mi memoria...
Quiero verte una vez más... amada mía... para que mi habitación se llene de alegría... y mi vida toda... de tu calor...
Contigo quiero trocar dicha por llanto. La simple idea de perderte es la triste melodía que repito por no verte...
Te sueño en una sonora siesta de un rítmico recital de zorzales, que nos envuelve desde las copas de florecidos lapachos.
Amarrados en cuerpo y alma, compartiendo latidos... puedo mirar la emoción en el fondo de tus ojos, hallando bajo mi mano, la gracia de tu cintura...
Y tu amor reabrió la certeza, sobre el mundo anhelante de mis cosas, con tu acento murmuraste mi nombre y fue tu imagen la que alejó mi tristeza...
Jorge Daniel Pérez -Argentina-
No hay comentarios:
Publicar un comentario