El niño nace, y ama a su madre, y todo es bello para Él en el mundo del amor y el cariño y el remanso del beso materno. El niño respira el aire del cielo, y aprende a reconocer el aroma familiar del afecto de la persona que le rodea y la brisa de la flor del jardín y la luz de las estrellas del firmamento. El niño mira y aprende a contemplar las formas de los cariños de los padres y los hermanos. Cuando crece la orienta a la bondad amorosa y sosegada de la naturaleza de la juventud, y adulto ama a Dios, a su familia, y a la sociedad. El niño, es un mundo. Un mundo, de sueños y fantasías, y un mundo de alegrías y juegos. El niño, no es un mundo de vigilias y realidades, y un mundo de tristezas y aburrimientos. El niño, es un mundo de felicidades y entretenimientos. El niño es un mundo de amor y paz en el mundo.
Manuel Ricardo Pizarro de los Santos
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