El despiadado estío marchita
hasta el último pétalo de la
flor más bonita.
Pero son tantas las ganas que
tiene de vivir, la vida, que con
apenas unas gotitas de agua
resurge de nuevo el aura que
provee de colorido lo que muerto
estaba, colmándonos de
tranquilidad y endulzando el alma.
Vida y muerte, principio y final,
que miedo me da quererte...
pero no poder acariciarte me da aun
más.
Es el ser humano la mayor polaridad;
lo bueno sin lo malo no sería tan bueno.
Y yo sin el roce de tus manos soy como
ese jarrón inerte que engalana aquella
fosa en memoria de la muerte.
Francisco Piñero.
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