La siembra ha sido buena y los suaves frutos cosechados,
la vid ha madurado en los campos barbechados,
en el sublime misterio del horizonte en llamas,
la pagoda del amor que culmina en filigranas.
Sucumben los corazones y llueve bajo los cedros,
incrustadas mariposas y “oquedales”de cencerros,
aladas las caracolas, sonámbulas en las lunas,
deambulan sobre los pies de los amantes en las brumas.
Cómplices de marejadas, sutilezas sobre almohadas,
vellocinos de alboradas, halos de las madrugadas,
torbellinos fusionados cual saetas en los cielos,
éxtasis de dos virtudes cobijados por sus velos.
Hortencia Aguilar Herrera -México-
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