sábado, 5 de mayo de 2018
ESCAPAR DE LA CIUDAD
Toda una vida en el continuo fracaso,
barro a barro sobre tormentas de sal,
desnudos ante los hielos del ocaso
y marginando los sueños al soñar,
en un permanente estado de infame ira,
por las duras piedras en el pedregal
de aquellas historias tristes en la orilla
de un océano de lágrimas sin final,
día a día, caminando en la obscena noche,
olvidado en un pasado sin estrellas,
van muriendo unas almas al reproche
de voces prohibidas y algunas querellas,
atormentados en el corazón roto,
no aciertan ver la sonrisa de la luna,
en la compañía de un eco remoto
que les habla del amor y los acuna;
toda la vida el revólver amartillado,
esperada contradicción de vivir,
o morir en el asfalto, tiroteado
por asuntos de un desamor al partir,
en otra noche, otra luna, otro segundo,
los minutos son eternos, en la espera,
de un desvarío en el fluir del vagabundo,
que le sostenga la ira en la oscura acera,
aparcando los tiempos y necedades
encerrado entre los barrotes de un sueño
con malos injertos y banalidades,
mientras de dolor lloran y se hacen dueño,
asumiendo en el recorrido el vacío
que les dejaron los barros del pasado,
del que forman parte cruenta en el hastío
de la vida que tanto les ha robado;
toda una vida llorando en el mar,
sin que a nadie le importe,
sin que el tiempo le haga olvidar,
... sin que a nadie le importe.
Angel L. Alonso
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