domingo, 4 de febrero de 2018

YA NO QUEDAN HOMBRES


Ya no lloran los hombres
sobre las sepulturas
de los que mueren
inocentemente
hambrientos, de lo que caen
abatidos en las calles
de las ciudades de la guerra,
o terminan ahogados
en el fondo de los mares
de la vergüenza,
nadie se acuerda ya
de los miserables de la Tierra,
sin voz y sin voto, sin aire
y sin aliento.

Los hombres ríen ahora
en las barras de los bares,
en las mesas de las cafeterías,
en los salones de los restaurantes,
ríen a boca llena y escupiendo
bebidas y caprichosos
manjares.

Hay quienes revientan
por no dejar siquiera una migaja,
quienes destrozan o roban,
usurpan o aniquilan
para que siempre exista la miseria
para que nunca acabe su bonanza.

Y no quedan hombres ya
que por justicia
se estremezcan, arrecien contra el palo
de lo injusto, arremetan con su voz
y su grito,
levanten su aliento de esperanza primera.
Ya no quedan hombres, no,
que escuchen el silencio perdido de Dios
y busquen en su conciencia
la razón, la única razón de ser,
la verdadera razón de la existencia.

Isidoro Irroca

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