viernes, 9 de febrero de 2018
POESÍA A BRISBANE.
Andar por aquí caminando en las
madrugadas,
entre las sombras y la oscuridad
mientras todos duermen, escuchar
solo nuestros pasos, escuchar el sonido de los grillos, pasar por entre los jardines y sus bardas de malla
entretejidas, caminar, caminar por
entre estos laberintos entre sus pasillos
alargados entre sombras y rincones, con algún filamento de alguna voz
perdida, ya que no hablamos, solo nos miramos, atentos solo en nuestro camino. El silencio es dulce, es práctico, caminamos, los dos de la mano y huele a madrugada fresca, se oyen las primeras voces de un arcángel de alas convertido en aves con cantares cristalinos despidiéndose del arcángel oscuro de la noche y de las primeras horas aún oscuras de la madrugada y que sabe nuestros nombres. Tu alma está perdida, mi alma está perdida entre las hojas y las ramas de los viejos y altos árboles, entre edificios de ladrillos. Allá en lo alto de aquel rincón de aquel techo, un hombre una silueta nos mira. Aparece, desaparece o extiende sus alas. Mira, después de tantas vueltas en esta isla de árboles, aire de vidrios y piedras se escucha un canto, se escucha una música tibia y afilada de luz junto a las arpas verdes de las hojas de los árboles que hacen su propia música.
Es el arcángel que trae la luz, el arcángel que también sabe nuestros nombres, caminamos amor mío aún tomados de las manos, por entre estos finos ramajes encontrados en nuestro camino.¡Mira! - Tus bondadosos ¡girasoles!...
Todo esto es porque hoy junto a nosotros amanece.
Saul Ponzio Ibieta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario