Nos dijimos adiós, era el destino,
en el otoño frío y con ausencia,
seguiremos solitarios en el camino,
ya no estará la luz de tu presencia.
Extrañaré tu voz de comandante,
y diré que todo ya he perdido,
ya no estarán más esos instantes,
el verte dormidita y tus ronquidos.
También extrañaré tus imprudencias,
tu esbelto caminar cuando pasabas,
tus mimos, cachetadas e indolencias,
los huevos y lentejas ya quemadas.
Y no estará más al lado mío,
tus ojos bizcoretos y grande frente,
tu cuerpo deformado, ancho y frío,
tu boca rozadita y sin dientes.
De pronto despertó aquel doliente,
de pesadilla cruel y desespero,
no estaba separado de aquel ente,
el sudoroso soñador era soltero.
Juan David Romero -Colombia-
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