“Nuestro archipiélago, curvado en el ansioso deseo de negarse a sí mismo “
Aimé Césaire
A mi camisa de más de once varas le falta o le sobra.
Paradoja para estos dientes, rabiosos pero mellados.
Ella, hospitalaria para la crueldad. Para el antropófago.
Para el astuto, el pícaro, el mestizo y la piraña.
Mi camisa de más de once varas guarda lo de aquí.
Todo lo de allá, allende y acullá:
Al hombre de un solo ojo.
Al hombre de hocico de perro.
Al gran pastel que se han repartido.
A cuanto grito de guerra o plantación cañera.
A los tonos del camaleón.
Que se queda quieto mientras lame el viento.
Que canta cuanto porro, guajira, conga o mapalé.
O que hace fintas en el encordado.
Mi camisa de más de once varas es conjuro maléfico.
Que trama la imaginación del hombre bestia.
Para que la calce el cimarrón, el brabucón, el Calibán.
A ella le cuelgan lunas, soles y constelaciones.
Que dejan ver flotar su holocausto.
Ahí, en el resplandor de su mar.
Jaime Arturo Martinez Salgado.
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