Te amé con tanta locura que después de haber terminado lo nuestro así me quedé... ¡por ti! Si al irte cual paloma herida y toda la culpa me la echaste a mí... Sabes que no es cierto, que siempre viviste en mis besos... que cuando yo navegaba satisfecho en tu cuerpo... otro iba ganando terreno, en tu anhelo... No vengas a decir que yo tengo la culpa si tú diste lugar a este triángulo... ¡de amor! En el que yo solo soy quién pierde, anda ve con tus demonios por dentro a tentar a otro... mira que uno aprende todos los días siempre cosas que hacen valorar a quién tenemos enfrente y le negamos por otras causas que no valen la pena... ¡como tú! Le negamos tantas caricias de amor y un sentimiento... el que tú nunca mereciste a ella es un anhelo; que ama tanto y en verdad que no es como tú... de calculadora y tan fría.
Agustín H. Castañeda
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