Sobre los mares de la paz humana
navega tu conciencia a sotavento.
Corren olas de vida al son del viento...
y el sol dona su luz a la mañana.
A lo lejos repica una campana.
Un camino se abre en un momento.
Expande un ruiseñor trinos y aliento
al compás de tu lírica fontana.
El fulgor de tu verbo... al infinito
me hermana, y en mi sangre queda escrito
el verso de tu huella soleada.
Ahora, que ya domino los inviernos,
mi voz acude presta a la alborada
que tus jardines crean de la nada.
Del libro SIEMPRE EN VUELO de
CARLOS BENÍTEZ VILLODRES
Publicado en Carta Lírica
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