Los ojos cegados de luz,
los ecos de tu voz,
encuentro el desencuentro,
un corto vuelo,
un presentir,
la melancolía de una pregunta,
la solidez de la respuesta,
Rodar y rodar,
caer al vacío,
un verde que escapa,
brazos de plomo,
mirada de lejía,
voz muda,
quise abrazarte,
te escapaste,
me dejaste,
envuelta de nubes,
mojada de estrellas,
En tu hueco,
ya crecen flores,
amplias soledades,
misteriosa sorpresa,
promesas de azúcar
pobladas por otros sueños,
quimeras de nuevos días,
hechos de suspiros y mares.
Pero aún camino,
aún tropiezo,
con las piedras de tu lejanía,
que supero con remos,
en otros pechos,
y en otros besos.
Sin pesares me despido,
te entrego mis adioses,
hechos de colinas y montes,
arados por el sudor que no fue,
vestidos de un ser que reinventa,
como medir las pasiones,
sin fuego ni dolor.
MARÍA TERESA PUIGBÓ -República Dominicana-
Publicado en LA Biblioteca
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