domingo, 8 de enero de 2017

HABLO DE UN RÍO


La sangre arco de triunfo.
Sigue el ascua,
no hay que avivarla, sigue.
Ponme la mano aquí sobre el costado,
circunda, toma el pulso
a mi torso, comprueba
que germina mi piel, que no han doblado
su cuello los claveles
de la noche primera, que persiste
la viveza del ascua
rodando hasta fronteras
con montones de nieve y de relojes.
La torcaz ciudadana
arrulla en la cornisa del Louvre
y mil amantes sonríen desde los lienzos
en praderas y estancias
que fueron… y perviven,
aroman y cobijan.
La noche de los henos,
del tulipán creciendo en la mejilla,
gótica la caricia, bajo arcadas
con rumor de armaduras y estameñas
en Notre Dame.

Despliegue de tules,
espuma de niñez que ahora renace,
alza su comba hasta tus pechos, deja
herencia de vainicas en tu enagua.
Cruzamos muchas veces en el sueño
bajo este arco dorado,
labios y luz borraban
la erosión de tu vientre,
tendida en la ciudad se me perdían
tus dos piernas fluviales en la noche.
Esqueleto de torre, férrea sombra
sobre la cordillera de tu cuerpo
cuando te inauguraba con mis manos
inéditos temblores de epidermis
Retornando al amor que nos hacía
una hoguera de polen en la noche.
En Pigalle empolvaban
desamores fantasmas la mejilla
de rojo, y en Versalles
seguía un cisma de rosas.
Tú y yo bajo los puentes
ensayando una aurora, destapando
un horizonte circular de sueños,
náufragos en el beso.
Leíamos en el agua
cartas de amor perdidas
por legiones de amantes,
nuestra voz repetida en cristal de leyenda.
Nunca será tu frente persignada
por el signo fatal de la pavesa.

Del libro L´eternité, amour. Hablo de un río París de JULIO ALFREDO EGEA RECHE -Almería-
Publicado en Luz Cultural

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