La palabra desasosiego es tan bella que acaricia y se mete un poco en el oído con la tenue suavidad de la tristeza. Tiene la peripecia de un tranvía de Lisboa, una voz de Pessoa que te invita a que finjas en el poema tu propia tristeza. Una especie de lloro, la inquietud por lo perdido junto con cierta esperanza de que vuelva.
Cristina Villanueva -Argentina-
Publicado en el blog elescribidor
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