lunes, 9 de enero de 2017
CARTA A UN PADRE
Querido padre, Le escribo a vuestra merced esperando que no sea la última vez.
Pese a las grandes aventuras que vivisteis junto a vuestro amigo, que sabiamente fueron enmascaradas por maese Don Miguel, para que el rumor se torne en ventaja, ninguna puede
compararse con lo que mañana nos deparará el alba. No albergo miedo, fuerte se haya mi brazo, el yelmo de Mambrino luce fulgurante y una buena bota del bálsamo de Fierabrás cuelga junto a mi silla de montar.
Fue mi deseo jurar las armas y esta es la más noble gesta en la que se ha de ver un guerrero. La dama Miranda ha reclutado a un buen número de valientes, entre mis camaradas se encuentran: un heredero del manto del Caballero de los Espejos, ya peinando canas he podido conversar con el Caballero de la Blanca Luna, el cual os envía afectuosos recuerdos,
Don Policisne de Boecia, hijo y único heredero de los Reyes de Beocia Minandro y Grumedela, y un alegre joven llamado Lázaro, el cual asegura que su abuelo empezó de acompañante de un ciego y acabó haciendo fortuna… y así muchos más, pero con estos son con los que he forjado amistad.
Al amanecer tocarán maitines y comenzará la batalla, ha de ser horrendo para la anciana Miranda,
pues el enemigo no es otro que su propio padre, el inmortal Prospero y su ejército de elementales, antaño un buen hombre, pero el poder y el trato con seres del inframundo le corrompieron y ya nada queda del Duque de Milán. ¡Voto a bríos que ardua gesta nos espera! Pero como me enseñasteis el bien siempre se alzará triunfante, y si aquí perecemos, nuestra sangre forjará leyendas.
Se despide atentamente, vuestro amantísimo hijo: Rodolfo Panza.
Manuel Santamaría Barrios (España)
Publicado en la revista digital Minatura 153
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