Es claro que el viento se crece y arrecia cuando menos se espera.
Una rosa es muy frágil,
los pétalos se esparcen sin oponer resistencia.
Una rosa...
Lanzada al arrecife del olvido,
inútil,
perdida para siempre,
ni siquiera el recuerdo, plagado de espinas, le prestará hospedaje
en los pliegues de mar que la roca acumula.
Una rosa.
Tristemente arrumbada,
marchita, sin remedio.
Inmaculada Nogueras Montiel
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