Agolpados en silencios abstraídos
todos los ojos enfocan
la gran caverna
Esperan
El monstruo
que devora kilómetros
asoma, se detiene
y por sus fauces abiertas
traga los cuerpos aglutinados,
pegados a si mismos
adheridos a los otros.
Alguien roza mi trasero
se cimbra mi templo
de huesos, carne y ansiedad.
Finalmente
un destino compartido hacia la nada, al vacío
sin una sonrisa benévola
donde macerar nuestros hastíos
Andrea Álvarez (Venezuela)
Publicado en Los puños de la paloma
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