Él es un mar viviente verde. Ella lo nada, se hunde,
respira en los abrazos de las hojas. El hombre
llegado desde el naufragio la bebe, la alisa,
la cubre del arañazo de las ramas. La mujer busca
esa señal, ese brillo. Se repliega para envolverlo.
El hombre se expande, dispuesto a preñarla,
a fructificarla, a hacerle saltar hijos, pájaros,
palabras.
Bordean lo blanco, juntos son... la herida y el consuelo.
Del libro "Relaciones textuales" de
Cristina Villanueva -Argentina-
Publicado en el blog elescribidor
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