Siempre se preguntó de qué forma la muerte
le ocurriría un día en que, por descuido,
dejara la mirada clavada a un paisaje
o se diera la vuelta para admirar un rostro.
Mas le llegó sentado en sala de concierto.
La vio salir de un piano con un dulzor macabro.
Desde unas manos más rápidas que el tiempo
se le derramó encima marejada escarlata.
Los vecinos notaron que algo raro pasaba
pero creyeron que aquel hombre extraño
simplemente lloraba, apartaron la vista
y cerraron los ojos para no ser testigos
del cuerpo que rodaba de la silla al pasillo,
de placer, sangre y notas a su muerte entregado.
Del libro El jubilado de Alfredo Villanueva Collado -Estados Unidos-
Publicado en Editorial Alebrijes
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