domingo, 4 de septiembre de 2016
NUNCA LLEGANDO
Vine de los horizontes blancos
del sur y del silencio,
de la tierra preñada de sementera
y de los olivos solemnes
como oraciones.
Vine, también, del oleaje
dorado del trigo
y del beso quebrado del agua.
Luego,
vine de otros tantos lugares,
y aún sigo viniendo.
Y siempre viniendo
y nunca llegando.
Vine de las calles pobladas
de hombres y edificios,
de luces hirientes y
estrellas muertas,
de nubes negras y del mar
traicionado.
Y siempre viniendo
y nunca llegando.
Vine del hombre aplastado
y hostil,
del amor imposible,
de los sueños inacabados
y de la oscura noche.
Y siempre viniendo
y nunca llegando.
Vine maldecido, afortunado,
distinto, tan parecido,
loco en mi locura, cuerdo,
encontrado, naufragado…
Y siempre viniendo
y nunca llegando.
Vengo de estos versos
que hoy derramo
y de los que no escribo
y callo.
Y siempre viniendo
y nunca llegando.
Isidoro Irroca
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