lunes, 5 de septiembre de 2016

LA BIELA


Superadas las once
las úes de una parejita norteamericana se confunden con las efes de una familia de alemanes
y con la sonora y sonriente fricación de la abundancia brasilera
el vocerío amaina al mediodía a medida que se llena el salón
la superposición es curioso lo resuelve en murmullo
al rato también amaina la concurrencia
un cielo diáfano que señala el norte pone los aviones que llegan a la altura de los ojos
y bustos y cabezas emergen desde atrás de los ligustros provenientes del paseo de compras
algunos acaso del Pilar
Suar seduce verborrágico a la sombra gigante del gomero
y Julio Bárbaro adoctrina en una de las mesas del fondo lindera con los baños
los turistas se entretienen con el Aguilucho que los recibe a la puerta
o piden sacarse fotos entre un hierático Bioy Casares y un Borges que de frente se parece a Balbín
llega el plato del día acompañado por una copa de malbec en el momento preciso en que acababa los primeros apuntes
a mi lado una bolsita de red contiene la piedra de citrino que pendula sobre su eje
y que predice para aquélla que la porte equilibrio y prosperidad
distancia y presencia se arraciman cuando se anuncia el postre
doy un último toque a lo que escribo
después del café se irá la tarde redondeando de a poco

a Francina, mi linda indefendible
a Virginia Zusbiela, mi Virshi necesaria de todos los momentos

Del libro Bella y transitoria de Claudio Félix Portiglia -Argentina-
Compartido por Rolando Revagliatti

No hay comentarios:

Publicar un comentario