domingo, 4 de septiembre de 2016

AMOR


Mi tiempo se detuvo, no puede desprenderse del pasado.
Dolor de recuerdos de mi vida ya vivida, deja jirones en mi alma ya herida
de aquellos encuentros de lujuria, entre tus piernas, y bocas encendidas.
Honda soledad mi morada, en fríos horizontes de olvido.
Ayer, tú y yo amor éramos uno, en instantes de ahora y todas los mañanas
auroras de amor, soles de tu alma, mis manos en tu tibia piel de porcelana.
Nuestro amor nació entre besos, caricias y labios temblorosos.
Esperando el rojo crepúsculo y sumergirnos entre nuestro amor y el deseo
desnudos y libres, donde el tiempo no existe, buscando el cielo verdadero.
¿Dónde quedaron, alma mía, esos amores y desparpajos?.
Cuando mi verbo se moría en palabras y el aliento de un amor sin destino
entre la tibieza y ternura de tu amor, sintiéndome de pasión estremecido.
¡No me abandones, amor de mis tibiezas!.
Retórname la paz y la calma a mi yermo desgajado corazón con el que vivo
déjame penetrar más allá de tus sueños, morar en tu amor, sentir tu latido.
Ven a mí, quiero llevarte conmigo, de aquí hasta la Eternidad.
Acércame tu fuego, enciéndeme de pasión todas mis primaveras perdidas
quiero amarte así, desesperado, entre palabras de amor no pronunciadas.
Tu boca es una constelación de estrellas cuando te beso.
Soy tu destino, te amaré en la locura de hacerte mía entre locos desatinos
cuando apoyas una lluvia de los pétalos de tu cuerpo, que viven en el mío.
Y entonces me desprenderé de mi pasado
y volaré contigo, hacia horizontes cristalinos.

Manuel F. Romero -Argentina-


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