El corazón lerdo y la sangre espesa
Duele tras los ojos el llanto que no cesa
La risa es de alquitrán y una columna
de hierro grueso y cemento sostiene lúgubre sonrisa,
Se opacaron los pájaros, tú sabes...
Qué podría contarte si la ausencia endurece el rigor de la distancia, si pesa el aire y esa mano que aprieta con todo rigor me atragantó un poema de bueyes en la cuesta...
Qué lloren nuestros hijos, es fecha
de decir te quiero a la tía Chela...
Qué la lloren ahora y se contenten,
ella partió en silencio
con el dolor secreto y unos versos
de flores libraron cantos de adiós y le dieron
agüita p´al camino...
Se fue en silencio, cuidadosamente,
preparó una sonrisa para todos los niños
y se apagó solita como un astro
en medio de los ecos de un bendito...
Del libro El imperio del sol de RUBÉN BORONAT -Argentina-
Publicado en Editorial Alebrijes
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