jueves, 4 de agosto de 2016
HERMOSOS Y MALDITOS
Aquel sol casi nos hace trizas.
Aullaban los monos y los pájaros,
un ejército de insectos gigantes e irascibles,
el mundo entero vociferaba en un idioma primitivo y olvidado
cuando abriste la boca
y me miraste
como si de pronto el futuro
no tuviese secretos para ti.
Éramos los primeros
o lo últimos seres humanos
que habitaban la Tierra
y tú querías saber
si mordería la manzana.
Aquel calor nos destrozaba los nervios,
nos colocaba al borde de la misma locura
o lucidez.
Busqué una sombra
y rehuí tus ojos.
Tenía miedo
de la cruel pitonisa
en que te habías convertido.
No está lejos el tiempo en que ya no me querrás,
dijiste.
Dijiste: te encerrarás en tu habitación y escribirás un poema
que hablará de este día, un poema largo y defectuoso,
y yo andaré con otro
y tú con otra y dudaré
y dudarás si fue real este momento,
este calor intolerable,
estas palabras que ahora escupo.
Llegaremos a odiarnos y será entonces cuando estemos
más cerca del Amor,
dijiste.
Dijiste: habrá pureza y violencia y por un instante
seremos como ángeles caídos
incapaces de recordar
el cielo del que fueron expulsados.
La caída, dijiste, como única certeza golpeándonos
en las noches más fieras,
éste será nuestro destino
hasta que lo olvidemos
o sea él el que se olvide de nosotros.
Entonces ya podremos
comprarnos otro. Siempre hay
destinos en oferta.
Con cuatro arreglos y una mano
de pintura
parecen como nuevos.
Esto no sé si lo dijiste, la verdad.
Tampoco puedo recordar
si aquella noche en San Miguel
de las Casas, hicimos el amor.
Tal vez soñara tus palabras,
aquel viaje fugaz
en que fuimos hermosos y malditos
pero con menos presupuesto.
A su manera extraña, todo fue necesario.
Ahora escribo el poema
y tú sigues aquí.
Javier Cánaves
Publicado en Agitadoras revista cultural 61
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