domingo, 3 de julio de 2016

DIJISTE


Entonces se decapó la niebla...

Los prófugos
que merodeaban los abismos
se hicieron de sombra y sal,
y resucitaron los cuervos del hambre
para despojar las lágrimas
acunadas en las hendiduras vacías
de las manos.

Dijiste:
“he aquí la voz
que nunca calla...”

Y solo la luz
supo de los habitantes misteriosos
del estío.

Risas funerarias
jugaron a hacer muecas ilustres
a los corales y las olas;
inútiles arpegios
fueron corrompidos por la noche;
anacoretas de oasis
pintaron sus silencios en el agua.

Dijiste:
“he aquí la fe
de los espejos...”

Y se esfumó la voz en el poniente.

Luis Enrique Prieto
Publicado en la revista Arena y cal 212


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