martes, 29 de marzo de 2016
UNA TRISTE HISTORIA
Un hombre padecía lo peor que le puede pasar a un ser humano en la vida: ¡su hijo había muerto!
Desde su muerte y durante años, no podía dormir, lloraba y lloraba tanto, hasta que desvelado finalmente amanecía.
De pronto, un día cualquiera, en sueños se le aparece un ángel y le dice: ¡basta ya de lloriquear!
- No puedo soportar no verlo nunca más, - respondió el afligido hombre.
El ángel le dice: - ¿Quieres verlo una vez más?, y al confirmarle que sí, lo toma de la mano, y en una blanca nube, al cielo al cielo lo sube.
Ahora lo vas a ver, quédate acá.
Y a una orden suya, empiezan a pasar un gran contingente de niños vestidos como angelitos y con una vela encendida entre sus manos.
El hombre pregunta :
-¿Y éstos, de dónde vienen, quiénes son y hacia dónde van?
El ángel le responde:
- Son los niños que han muerto antes de contaminarse en el mundo, y todos los días hacen este paseo con nosotros, porque son puros y nos recuerdan que si no aspiramos a ser como uno de ellos, jamás podremos venir aquí.
- ¿Mi hijo está presente entre ellos?, - preguntó el hombre.
- Sí, ahora lo vas a ver, - le contestó, mientras desfilaban cientos y cientos de niños.
Ahí viene, - dijo el ángel.
El hombre lo ve radiante tal como lo recordaba, pero de pronto, algo lo inquieta y conmueve: entre toda la multitud, era el único angelito que no tenía su vela encendida.
Entonces el hombre siente una enorme pena y una terrible congoja por su hijo.
El chico al reconocerlo, viene corriendo hacia él, y tiernamente se abrazan con un largo interminable abrazo y le dice:
- Hijo mío,¿por qué tu vela no tiene luz?
¿Por qué no encienden tu vela como las de los demás?
- Su hijo le responde: papá, si encienden mi vela como las de los demás niños, cada día, igual es para todos aquí. Pero...,
¿Sabes una cosa papá?
Siempre que la encienden, cada noche..., tus copiosas lágrimas apagan la mía.
- Ya no llores por mí, padre mío, déjame madurar, crecer y ser como los demás...
Y tú, mi querido amigo(a)
!Ya no llores más por ese ser querido que perdiste, sea hijo, esposo, madre, padre o amigo!!
¡Déjalo ir y descansar en paz!, no atormentes tu vida, por que él o ella no volverá.
Pero sí lo puedes tener en tu recuerdo, y sólo así no morirá, más para siempre en tu mente vivirá.
Porque solo muere a quien se sepulta en el olvido y recordarlo con amor, es volverlo a vivir, recordarlo con dolor, no es la mejor opción que su amigo de siempre, Lobo Gris, les puede sugerir, ni recomendar de corazón.!!!
Es difícil, lo sé, pero..., simplemente,
¡Déjalo ir...!, ¡Déjalo ir...!
Por tu propio bien,
¡Déjalo ir...!
George Rivas Urquiza -Perú-
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