No eran manos:
Eran alas de mariposas policromadas
del Edén.
No era cuerpo:
Era soplo etéreo de Divinidad
sobre materia.
No era humano:
Era aura angélica,
proyectada en imágenes celestiales.
En una Vega cuajada de azahar,
de entrelazados perfumes:
jazmín, limón y rosal...
surgió: del sueño de las esencias;
y todo lo que tocó,
quedó convertido
en Belleza...
Isabel Grima Campoy
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