martes, 29 de marzo de 2016
EL ASCO
El asco
llega de repente,
tal vez,
es porque la vida apesta.
Es la hora del cambio del ropaje de los días
y de darse un baño de bríos para continuar los caminos.
El asco se queda presente en la panza,
sube por la garganta y desemboca en los peores días.
Uno muere en días aciagos,
en un martes sin numero trágico o
en viernes antes de cumplir el día sábado.
Uno muere,
hoy de un rasguño,
mañana quizás de un zarpazo.
Otros mueren en un pequeño despido.
Y algunos más en un gran salto al abismo.
Uno no se da cuenta de cuando esto pasa.
Uno se sume en la penumbra de la ligereza,
se cubre del manto de la tibieza;
esto ocurre cuando se deja que la historia personal
la escriban los demás y los demenos.
Unos días se levanta con el pie izquierdo y
otras noches se duerme con la soga al cuello.
Los que restan ya ni siquiera se caminan,
pues en los pies empiezan con pesarle la vida.
Síntoma de que uno anda en pasos de muerte,
ya con los pies de ésta que se posan en nuestras uñas,
como la mugre que ellas contienen.
Al final la muerte te abraza las manos,
te pisa los pies y en los hombros se encima.
Señores la muerte ha llegado.
Gildardo Carrión
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