sábado, 27 de febrero de 2016

SI SUPIERAS PERDONAR


       Si piensas que te hice daño y no puedes perdonarme
es éste el momento, ahora, de que cobres tu venganza,
aunque déjame decirte, si con eso te consuelas,
que con placer pagaría todo el daño que te hice
pero ya la vida misma se ha encargado de cobrarme
con creces más intereses todo el daño que te hice sabiendo
que tú me amabas...
       Hace tanto tiempo ya que dejé el lecho tibio
como fecunda simiente en el seno de la tierra,
refrescante como aurora de tus manos en mi piel
sedienta de cada poro sumiso de deseos, del sudor
que se quemaba, a cada instante en mi pecho y de mis labios
la sed de tus besos que en mi boca de placer agonizaba.
       Recuerdo las noches de otoño que a mi lado delirabas
y al despertar las auroras entonabas de tu boca melodías
ya pasadas, de muchos ayeres quizá o de recuerdos de amores
olvidados en el tiempo, pero vibrando en tu pecho como cuerda
de violín con el paso de las horas que danzaban sigilosas...
       No sé si aún escuchas asomando a tu ventana
al hermoso torogoz cantándole a la dicha de volar
de vivir al calor de aquellas horas  abrigadas de tu luz
delirando el corazón palpitando en su momento
cada cópula sagrada y aquella canción de amor que agonizaba
en tus labios con los besos que me dabas dando calor a la noche.
Mi devoción gritaba de calor y de pasión la misma historia de amor
que nos inició a los dos cuando aún siendo tan niños jugábamos
a los besos furtivos y fugaces como la lluvia de mayo que empapaba
de ilusiones y fragancia nuestros sueños...
        Hubo un revés en el tiempo de mis dudas y querellas,
cobardemente tuve que ceder a las presiones de las dudas y el destino:
Otro amor surgió en mi vida  y colmó mi corazón de fatales ilusiones.
Esta vez, jugué a perder y el pecunio de mis sueños
fue desvanecido pronto con el filo de la daga de una herida
certera y cruel.
El engaño despiadado y la traición sin remedio fueron
en esta aventura de los gajes del destino mi mejor herida cruel
y mi peor desengaño...
       Eso fue todo, te perdí y hoy que vuelvo a recorrer
el solitario sendero donde una vez brillara el amor,
sólo encontré las cenizas de aquello que fue en mi vida
mi más sublime tesoro y que ahora con dolor lo recuerdo
con tristeza...
       Recuerda, te lo repito, que si aún sientes dolor
y no puedes perdonarme, ha sido más doloroso
no poder nunca olvidar todo el daño que te hice
sin saber cómo ni cuándo a mí mismo perdonarme...

Ricardo Flores Joya -El Salvador-

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