Es solamente un alarido profundo. Viene de lejos. Nada tiene que ver con el vientre, ni con los pulmones o el hígado. Es, llanamente, un alarido ante el cual uno quiere irse, apaciblemente, a la luna, llevando ciertos cabellos de cierto niño profundo. "Un alarido profundo tiene que ser siempre", me han dicho, "el alarido de la humanidad".
Jaime Sáenz
Publicado en Fuegos del Sur
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