Dame tu mano, juntas andaremos por senderos de cielo y tierra, abrazadas recorreremos los altos peldaños que nos transfieren al otro lado del Universo, allí, donde existe la Nada, o tal vez, el Todo, el Uno.
Quiero a tu lado sentarme entre las piedras de blancas arenas, regadas por esas ondas de celeste espuma, y sentir contigo que floto en lo etéreo, que me fundo en lo eterno, que brillo en lo dorado en cada alba y me desvanezco con los colores entre montañas.
Sí, amiga mía, quiero a tu lado escapar de esta Tierra, de una realidad ficticia. Deseo caminar contigo caminar contigo hacia esa realidad deseada, esa realidad que en mi espíritu se encarna.
Dame tu mano, que juntas anunciaremos el fin de nuestras arras y dejaremos sueltas las cadenas que condenan a mi alma.
Yo no deseo un Paraíso, sólo deseo que mi corazón repose sobre las alas de gaviotas blancas, que me transfieran a un océano de brillante estela y me adormezca los latidos, ésos que me perforan el pecho por tanto dolor sufrido.
Dama Blanca, acompáñame en mi huida, que no quiero más heridas.
Señora que acompaña al alma, dame tu mano, que juntas traspasaremos esas fronteras entre la vida y lo que hay detrás de esa Puerta.
De CUADERNO VERSOS EN EL ALMA de
MILAGROS RUBIO MAS.
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