Ya no espero
las tardes sin brisa
ni siquiera un trozo de madera
flotando
donde los cuerpos son devueltos
igual que zozobradas ideas en un letargo.
Prefiero un sorbo
recogido de tus manos
un tazón que juega con la humareda erguida
mordisqueando mi olfato
reposando su aroma
a chocolate candente y suavecito.
Esculpo la perspectiva,
espero la mirada perdida, el soslayo ajustado
incluso un roce cierto
bajo la falda,
que haga retemblar mis rodillas esperanzadas
a la rúbrica de un tiempo preñado de marrones dorados
e intensas escaramuzas
al amparo de una lumbre generosa, o una angorina cómplice.
Te acuerdas, quiero preguntarte
de aquellos niños perdidos entre las hojas recién caídas
brindando al viento
capotes de gránulos sobre la huidiza luz
y redimir frente a tus belfos
mordisco robados al sepia de aquellas fotos
que no nos hicimos
porque preferíamos el sabor de nuestros salivales.
Siempre estoy, aquí
detenida, impasible, paciente, rumiando
que nunca un tiempo fue mejor
sino aquel instante, ese reducto con los atributos de tus labios.
Santiago Pablo Romero -Trigueros-
No hay comentarios:
Publicar un comentario