sábado, 5 de diciembre de 2015

TERESA


En tu morada, Teresa,
a tu amado hablabas
y en él pensabas
cuando recorrías las veredas.

Era el tuyo, Teresa,
un amor celestial
que alegraba la soledad
de tus noches en la fría celda.

Caminos y caminos
pasar te vieron
mientras tus versos
escribías en un cuadernillo.

Esto te hacía soñar
y en tus sueños vivir
sin vivir en ti
te ayudaba a descansar.

De un amor tan bello
nadie escribió jamás
y en él fuiste a encontrar
una gran paz y un gran sosiego.

Hoy todos conocen tu obra,
Teresa, y gozan con ella
sintiendo que no hay pena
cuando el amor controlas.

JOSÉ LUIS RUBIO

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