Hay ciertos espacios auténticos.
Miradas sólo tuyas con el silencio en la mano
y el cabello ondeando hacia el infinito.
Un juego de sombras entre mi chaqueta y yo,
en la pared de latidos inconclusos.
Provoca una sonrisa maquiavélica
cuándo se contonea la tarde libre en la plaza,
entre sillas y palomas con alas extendidas, grises,
medio rotas, entre migajas de pan y suspiros,
con el vino que ayer no bebimos... ácido.
Y en la esquina el violín,
con notas de río púrpura que se desliza de mi rimel
y me cubro el rostro con guantes sin dedos... sucios.
Y luego suena la campana negra, gigante de la catedral,
entonces percibo que me he ido moribunda en un vuelo,
con vestido largo y zapatos de abril.
Mari Freire
No hay comentarios:
Publicar un comentario