sábado, 5 de diciembre de 2015
ADORA
Tiene fanales de miel
desiguales
como la natural armonía
y estuvo tapada
por una férrea coraza de miedo
bajo el influjo maléfico
de un amor mal entendido.
Ella deja al sol colmarla
de caricias suaves
entre el verdeo de sus crines doradas
lacias y gachas
cual sin atrevimiento aún
lastre inequívoco
de un otrora pasado desecho, revuelto.
Es majestuosa en porte
semilla generosa, con una sonrisa escondida
ávida de descerrajar el nuevo amanecer
sin quedar nada al mañana
al deterioro irrefutable
del limado incansable de la brisa sobre su beldad inmensa.
No tiene nombre
es silenciosa la oda que juega al ángelus
acaso llegue el verdugo
rompa la tersura en su sedosa piel
o claudique ante sus semillas
roturando una fértil tierra llena de cizaña
flor negra presurosa en invadir
el inconcluso parpadeo
de un padre que ya no merece su compromiso.
Hoy la he visto, entre los visillos de un objetivo raudo
fértil, cual una damisela vigorosa
sus melosas retinas vuelven a refulgir
plena de ilusión, de tardes en el estío,
hacer vibrar su cicatrizado hálito
en mil y una conjeturas nuevas, anhelos vivos.
Aún no le llamo por su nombre, ella adora
líneas negras sobre los pétalos de las amapolas
y sé hallará el circunloquio sibilino que añora
ser libre para musicar su dictado verbo
dejándola levar anclas en el mar del parnaso.
Va por ti, dama de cabellera trigueña, y aguamiel en los labios.
Santiago Pablo Romero -Trigueros-
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