Organismos biológicos que se arrastran por la acera con rutina
con largos abrigos negros que tapizan sus huesos y piel.
Mamíferos oblicuamente peinados,
agitadamente relucientes como cocteleras de plata,
vadeando sus selvas de servidumbre con ingenio e ilusión.
Mamíferos que erigen palacios a sus titiriteros
con estatuas de pelusa hechas de ideas acumuladas en los bolsillos del tiempo.
Entes que suspiran, ataviados de llaves y tacones
audazmente satisfechos,
que se asean en las cloacas de su omisión.
Bultos oscuros que se mueven con sigilo por el pavimento,
un mar de caderas e incertidumbre,
cada mamífero sonríe pero lleva un frasco de piojos bajo el brazo.
Organismos que yerran por las calles, cabizbajo, sudando cadenas,
que paran momentáneamente para mirar asustados su reflejo en los charcos.
Mamíferos que barren sus pensamientos bajo la alfombra,
para luego tropezar sobre los bultos,
bultos como ellos.
Dean Simpson -Boston, EE.UU.-
Publicado en la revista Arena y Cal 184
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