jueves, 5 de noviembre de 2015
HACE YA TIEMPO...
Hace ya tiempo que cerré la puerta. Aprendí que el error sabe a la pulpa amarga del fracaso, es igual que una cáscara vacía, inútil como la primera sílaba de un verso. Fuiste sólo un tal vez que ya dura demasiado. Como un borrón de sangre en la almohada.
No me verás volver: antes el fuego.
(Pero entonces por qué, sin transición, tengo las manos tan llenas de ti, tan parecidas a ti que son tuyas, como si las manejaras desde la distancia. Así te echo de menos: en realidad es mi piel, no yo, la que te busca. Soy un desastre para el compromiso, la lechera del cuento, el saco de la avaricia...)
Ya no me quedan máscaras y tú no acabas nunca.
Lo que hiciste fue un crimen: no se acosa al amor como a un preso. Nunca entendiste que dos también viven del hambre, de la ausencia. Tenías que entrar y revolverlo todo, marcar cada pared como los perros. Se te daba fatal marcharte justo a tiempo, me llenaste de ti por la fuerza, hasta el vómito.
Nos aburrió el amor cuando dejó de serlo. Porque empezó a parecerse al desengaño, horas montados uno sobre el otro, como abejorros tristes, sin más que los recuerdos para no matarnos, para aguantar desayunos y cenas y una cama como un campo de batalla con dos muertos.
Has dejado de estar, he querido que faltes, pero mi cuerpo llega tarde a la noticia y aún te arrastra con él, sobre todo en el sueño. Me refugio en tu abrazo: cada vez más profundo y cada vez más frío.
Hay que dejar que sangre, si la herida es profunda.
Pero soy una idiota: tú no dejas de hundir el puñal en la carne...
Y yo corro a por vendas.
Carlos Bonino
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