Era una noche sin luna,
Sin estrellas, sin testigos,
Cuando la brisa y la espuma
Humedeció nuestro nido.
Yo era una niña aún
Pero sabía de amores,
Y, aunque con mil temores,
Nos fundimos en común.
Después me lo reprocharon
Otros hombres que llegaron
en busca de una beata;
Pero jamás me arrepiento
Porque aquella vez el viento
Me vio ser feliz muchacha.
Alejandra del Prado
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