Mientras barría el suelo de la cocina y el del salón
imaginaba a una zarigüeya con mofletes y una bufanda al cuello
que no paraba de gritar buff, anda, qué calor,
buff anda, una buf-anda,
para luego susurrar,
no quiero servir de pijama de invierno de mangas cortas.
Yo sonreía y solo ante el peligro
agarrado al palo de mi escoba
que es del mismo color de los sueños
y del que tiene el peluquero gay de la esquina
me divertía pensando en que Celia
escuchaba mis tonterías
y reía y supe dónde está el germen de las futuras historias,
y que es más divertido escribir zarigüeya con hombreras
bufandas
y mofletes
que
lonce,
inteligencia emocional
eneagrama
o
educación para la ciudadanía.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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