No acabarán mis flores,
no cesarán mis cantos.
Yo cantor los elevo,
se reparten, se esparcen.
Aún cuando las flores
se marchitan y amarillecen,
serán llevadas allá,
al interior de la casa
del ave de plumas de oro.
Del libro ¡Qué nuestros corazones no tengan tormento! de
Netzahualcóyotl -México-
Publicado por Ediciones Comoartes
No hay comentarios:
Publicar un comentario