Hay vidas que nos dejan,
mudos, sin habla alguna,
como helada la sangre,
sin un ápice de egoísmo,
avergonzados de sentir,
ese egoísmo abyecto,
alguna vez en nosotros.
Esas vidas se desarrollan,
sin reproches ni quejas,
viven situaciones duras
de forma callada, silenciosa.
Un día... nos la cuentan,
la sacan del subconsciente,
o del consciente más real.
Estallan, comparten...
nos hacen partícipes,
de toda esa dureza,
de todo ese dolor
disimulado, distraído,
para no hacer sufrir,
a los demás, a los suyos.
No lo dicen lo intuimos.
Y acto seguido pensamos:
¿Por qué nos quejamos...
egoístamente, tantas veces?
MARÍA LUISA HERAS VÁZQUEZ -Barcelona-
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